Expertos del Ministerio para la Transición Ecológica, de la Federación Europea de Agricultura de Conservación y del sector privado coincidieron ayer en Madrid: las prácticas que mejoran el suelo y capturan carbono ya funcionan en casi cuatro millones de hectáreas en España, pero faltan los instrumentos que las hagan rentables para todos.
DATOS: 3,7 M ha bajo agricultura de conservación en España en 2024 (MAPA/ESYRCE) · +55% de aumento en solo dos años respecto a 2022 · +50 Mt CO₂ de potencial de mitigación anual si se generaliza la no laboreo (Universidad de Córdoba) · El más bajo de Europa: el contenido en carbono de los suelos agrícolas españoles, según el Ministerio de Agricultura
Madrid, 5 de mayo de 2026. Casi cuatro millones de hectáreas del campo español trabajan ya con técnicas de agricultura de conservación —siembra directa, cubiertas vegetales, rotaciones— que mejoran la salud del suelo, reducen costes y retienen carbono en la tierra. Sin embargo, España sigue teniendo el contenido en carbono orgánico de sus suelos más bajo de toda Europa. Cerrar esa brecha fue el hilo conductor del debate que se celebró ayer en Madrid en la Mesa 3 de Agroforum 2026, dedicada a biodiversidad y agricultura del carbono.
La mesa, moderada por el director ejecutivo de Legados, Javier Dorado Soto, reunió cuatro perspectivas complementarias: política pública, ciencia, sector privado y mercado financiero. Todas confluyen en una pregunta que el campo lleva años haciéndose: si las prácticas que ya funcionan en muchas explotaciones españolas son económicamente viables para todos, ¿qué falta para que se extiendan?
Emilio González Sánchez, Secretario General de la European Conservation Agriculture Federation y profesor de la Universidad de Córdoba, abrió la conversación con el dato que más se repitió a lo largo de la sesión: los suelos agrícolas españoles tienen contenidos de carbono muy pobres, lo que paradójicamente representa una oportunidad enorme. González Sánchez explicó que cada vez que se labra intensivamente la tierra se liberan reacciones de oxidación que devuelven CO₂ a la atmósfera, y que al dejar de labrar convierte al suelo en sumidero. Según sus estimaciones, la generalización del no laboreo en España podría evitar más de 50 millones de toneladas de CO₂ al año, además de mejorar la resistencia del terreno frente a lluvias torrenciales.
Marta Hernández de la Cruz de la Oficina Española de Cambio Climático (MITECO), expuso el estado del marco regulatorio. Recordó que el reglamento europeo de certificación de absorciones de carbono está desarrollando de forma cada vez más detallada la llamada carbonocultura —que abarca no solo tierras agrícolas sino también turberas, humedales y formaciones boscosas— y que el reto pendiente es trasponer ese marco al ámbito agrícola, ya que hasta ahora el grueso de la iniciativa española se ha centrado en lo forestal. Subrayó que, aunque el sistema permite registrar proyectos desde media hectárea, los costes de verificación y asesoría hacen que en la práctica se incentive la agrupación de propietarios.
Maite González, de Ferticork S.L., aterrizó el debate en un caso concreto: las plantaciones de alcornoque como modelo de negocio que captura carbono, genera biodiversidad y resulta rentable al mismo tiempo. Defendió que esta fórmula permite rentabilizar las partes menos productivas de las fincas y, lo más relevante para el agricultor, generar beneficios desde el año cero mediante la captura de carbono, con un módulo básico desde diez hectáreas.
El profesor José Luis Suárez, del IESE, cerró la mesa con la mirada financiera. Defendió los créditos de naturaleza como instrumento para que el valor del suelo vivo se traduzca en ingresos reales para quien lo gestiona, y situó a España en un mercado europeo en rápida expansión pero todavía incipiente.
«Tenemos prácticas que ya funcionan en el campo español —rotaciones, cubiertas vegetales, manejo extensivo, integración de biodiversidad— y que son al mismo tiempo solución técnica y oportunidad económica. El objetivo de esta mesa era que eso dejara de ser un argumento de convencidos para convertirse en política y en mercado.»
Javier Dorado Soto · Moderador de la mesa · Fundación Legados
El interés del sector no es solo ambiental. La siembra directa permite un ahorro de costes de entre el 10 y el 20% respecto al laboreo convencional, según datos de la Asociación Española de Agricultura de Conservación, y libera una media de 3,6 horas de trabajo por hectárea. La conclusión que dejó la mesa de ayer es que los instrumentos financieros y regulatorios siguen un paso por detrás de lo que el campo ya está haciendo, y que ese desfase es hoy el principal cuello de botella para escalar la agricultura del carbono en España.
Agroforum 2026, organizado por Alianza Rural en colaboración con IESE Business School y Si Campo, celebró ayer su jornada ‘Medio Ambiente y Campo’. La mesa de biodiversidad y agricultura del carbono —la tercera del programa— contó con la colaboración de Legados, que moderó este debate.