28

Cinco oficios, un mismo monte: así se apaga un incendio antes de que empiece

Este artículo acompaña el episodio 2 de Custodios del territorio. Puedes escuchar la conversación completa aquí.

El coste de no cuidar el monte

Hasta principios de agosto de 2026, España acumula cerca de 222.000 hectáreas quemadas este verano, según Copernicus-EFFIS —muy por encima del mismo periodo de 2025, que cerró como el peor año de incendios en España en tres décadas, con más de 354.000 hectáreas calcinadas. En la Sierra de la Culebra (Zamora), el precedente ya está escrito: 45 días de fuego en 2022, el 6 % de toda la provincia calcinado.

Detrás de esos incendios hay un dato menos visible: España pierde de media 520 ovejas y 82 cabras de pastoreo extensivo al día —casi dos millones de cabezas de ovino y 300.000 de caprino menos en la última década—, según los censos oficiales consultados por Efeagro. Julián Piracés, ganadero vinculado desde hace décadas al sector ovino y caprino, lo resume en declaraciones a esa agencia: apagar una hectárea incendiada cuesta unos 10.000 euros; pagar a un ganadero por mantenerla pastada, unos 200. No es casualidad que Naciones Unidas haya declarado 2026 Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, lo que refleja la importancia de los pastizales en la creación de un medio ambiente sostenible, crecimiento económico y medios de vida resilientes para las comunidades de todo el mundo y, en este caso, en España.

Custodios del territorio se detiene esta vez en Otero de Bodas, en el corazón de la Sierra de la Culebra, para escuchar a quienes viven esa cuenta todos los días: un alcalde, un bombero, una investigadora, un pastor y un cazador.

El territorio que ya ardió una vez

Adrián Quirogas es Alcalde de Otero de Bodas y es vecino durante todo el año. En el incendio de 2022 el fuego entró en el pueblo y quemó varias casas; con él se fueron también los ingresos de la madera, que eran la principal fuente de recursos del Ayuntamiento. Desde entonces trabaja en dos frentes a la vez: limpiar las fincas para levantar un anillo de seguridad, y buscar nuevos ingresos, como un pequeño parque eólico, que permitan financiar vivienda pública. En sus propias palabras: “Es básico tener un anillo de seguridad que permita que, si el incendio vuelve a ocurrir, no llegue al municipio.”

El fuego que ya no se apaga igual

Mariano González es cabo del Servicio de Extinción de Incendios de Zamora. Lleva años acudiendo a los grandes fuegos de la provincia.

“Si el monte está limpio, si quitamos combustible, ese incendio es mucho más fácil de controlar”, explica.

Los cortafuegos que servían hace treinta años ya no bastan porque el arbolado ha crecido: hay que dimensionarlos al monte de hoy.

La ciencia que ya sabe qué funciona

Leonor Calvo Galván dirige el Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección de la Universidad de León. Su equipo ha comprobado que las quemas prescritas reducen la severidad del fuego durante cuatro o cinco años, pero no bastan solas. “Quemas prescritas, sí, pero algo más: el uso de la ganadería”, resume. Sin pastoreo después, el combustible vuelve a acumularse en poco tiempo.

El pastor que limpia el monte cada día

José Vega Santos pastorea alrededor de 500 ovejas en la zona, los 365 días del año. Con su rebaño retira a diario hierba y maleza que, en verano, es puro combustible seco. Reconoce que sus animales no pueden llegar a todo, y señala una paradoja que vive en su propio pueblo:

“Hay más ciervos que ovejas en mi pueblo. Al que quiere arar no le dejan, y las aradas son lo mejor que hay contra el fuego. ¿Cómo se come esto?

La caza que cuida los 365 días

David Pascual es delegado de la Federación de Caza de Zamora. Tras el incendio de la Sierra de la Culebra, coordinó una campaña solidaria que llevó alimento a la fauna que se quedó sin refugio. Sobre por qué los cazadores siguen ahí incluso cuando no hay fuego, lo resume así: “Llevamos viviendo aquí siglos, toda la vida. Mal o bien, hemos cuidado de nuestros campos, de nuestras tierras, de nuestros montes.”

Cuidar lo nuestro es hacerlo prosperar

Cinco formas distintas de la misma idea: un alcalde que trabaja para traer vivienda y nuevos ingresos a su pueblo, un bombero que explica por qué algunos incendios ya no se pueden apagar con los medios de siempre, una científica que defiende la quema prescrita y el pastoreo juntos, un pastor que convierte su rebaño en la primera línea de limpieza del monte, y un cazador que cuida caminos y bebederos los 365 días del año, no solo cuando hay fuego. El monte no se cuida solo. Y donde alguien lo cuida —con ovejas, con arado, con ciencia, con vigilancia— arde menos y arde peor para el fuego. Prevenir no es una cuestión ecologista: es la forma más económica y eficaz de proteger un territorio.

Esta es la segunda parada. Volvemos pronto, desde otro lugar de España, con más custodios del territorio: los que lo cuidan y lo hacen prosperar.